miércoles, 7 de abril de 2010

El aviador confundido

Ronald M. Goffer. Amante esposo, padre cariñoso, fiel amigo y aficionado al polo, volaba exhausto después de la batalla en su destartalado Hawker Hurricane, de vuelta a su base. De pronto, algo llamó su atención. No era un pájaro, no era un avión, tampoco era Superman en acción. Se acercaba el ocaso y el cielo se iba tiñendo de naranja, pero aquella cosa destacaba a lo lejos por su color verde Heineken. Ronald, inquieto y movido por la curiosidad, cambió su rumbo y se dirigió hacia el punto en el que se encontraba ese objeto volador no identificado, que a medida que se acercaba, iba tomando la forma de un gran pepino flotante.

"Un pepino gigante" pensó, "eso supondría el fin del hambre de las tropas y podríamos ganar la guerra".

Pobre iluso aviador confundido, siempre pensando en el bienestar de los demás, salvo en el de los soldados alemanes, claro. Cuando se quiso dar cuenta, su avión se había quedado sin combustible y tuvo que saltar antes de que se estrellara contra una colina. Por suerte, cayó en un mullido campo de tulipanes que amortiguó el golpe y le dio un toque poético a su aterrizaje.

No había caído en territorio enemigo, pero tampoco había caído en territorio amigo. Había ido a parar a una dimensión diferente (que no paralela), era la dimensión del pepino gigante en la que le aguardaba una realidad irreal y desquiciante.

Pobre iluso aviador confundido. Puede que ahora él fuese el alimento para las pepinotropas. ¿Qué destino sufrió Ronald M. Goffer? Sólo el pepino gigante lo sabe.

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